“Desde que tengo el gas no se quieren ir”: la historia de María y una casa que volvió a ser hogar
26 de Agosto 2026. El tercer capítulo del ciclo de Distrigas S.A. nos lleva al barrio Bicentenario II de Río Gallegos, donde María Agüero cuenta cómo la llegada del gas natural transformó la vida cotidiana de su familia. De madrugadas con frío y tardes encerrados en una habitación, a una casa que hoy vuelve a ser el punto de encuentro de sus hijos y seres queridos.
En el corazón del barrio Bicentenario II, donde se cruzan las calles 17 y 60, una historia familiar guarda uno de esos pequeños grandes cambios que pueden transformar la vida cotidiana.

Allí vive María Agüero, una mujer emprendedora y trabajadora que durante años sostuvo a su familia con esfuerzo, incluso cuando acceder a algo tan esencial como el gas natural parecía un sueño demasiado lejano.
María trabaja en una casa de familia y, además, hace pan casero y tortas para ayudar a la economía del hogar. Su día comienza temprano, cuando el sol todavía no aparece en el horizonte y unos mates sirven para enfrentar las primeras horas de la jornada.

En una amena charla, mientras nos comparte su receta del tradicional pan con chicharrón y unos mates, María nos cuenta el camino que recorrió hasta conseguir el gas natural y las emociones que sintió al alcanzar ese objetivo tan esperado.
Durante mucho tiempo, las mañanas de invierno tenían otra rutina. El frío marcaba el ritmo de la casa y también el de sus hijos, a quienes debía despertar para llevarlos a la escuela del barrio.
“Antes era diferente, les llevaba el té a la cama porque hacía mucho frío y después les decía que se bajaran y se cambiaran”, recuerda.
La calefacción tampoco alcanzaba para toda la vivienda. La familia se calefaccionaba con dos caloventores que los movía continuamente según se desplazaran, pero el esfuerzo no era suficiente para templar los ambientes. Así, la habitación se convirtió durante años en el lugar donde transcurría gran parte de la vida familiar.
“Allí merendábamos”, cuenta María. Hoy, esa escena parece lejana.
“Ahora se pueden sentar a ver tele, están muy felices, conversan, hacen su tarea todo ahí abajo. Ahora arriba es para ir a dormir”, relata, con una sonrisa que resume el cambio.
“Es un cambio rotundo. Nosotros sufrimos muchísimo. Ahora ya están grandes, pero cuando eran más chiquitos era más difícil”, recuerda.
Un Estado presente
María vive allí desde hace once años. El barrio cuenta con el servicio de gas desde 2017, pero para muchas familias la posibilidad de conectarse seguía siendo inalcanzable porque sus ingresos no les permitían afrontar los costos necesarios para
acceder al servicio.
Para ella, durante mucho tiempo, tener gas parecía algo imposible. “Hija, nunca voy a tener gas porque mi bolsillo no da”, recuerda que les decía a los suyos.
Ese sueño comenzó a hacerse realidad a partir del convenio entre el Ministerio de Desarrollo Social y Distrigas S.A., destinado a acompañar a familias en situación de vulnerabilidad económica para que puedan acceder al servicio de gas natural. Y esta vez, la espera fue mucho más corta de lo que María imaginaba. “En menos de un mes ya tuve el gas”, cuenta, todavía emocionada y agradecida.
Los trabajos de conexión se realizaron durante la mañana.
Por eso, cuando los chicos regresaron de la escuela, se encontraron con una sorpresa que ninguno esperaba. “Se pusieron a llorar, no lo podían creer. Lloramos juntos de la alegría”, recuerda María.
La familia fue cambiando con los años. Las hijas mayores crecieron y algunas ya se independizaron. Pero el logro de haber conseguido el gas es, para María, “de todos”.
Una historia que comenzó con un piso de tierra y dos camas y que hoy suma una nueva página.
Porque el gas no solo permitió calefaccionar una vivienda. También devolvió espacios, tiempo compartido y momentos que antes parecían difíciles de sostener.

Ahora la casa de María volvió a ser un lugar de encuentro. No solamente los fines de semana, sino todas las noches. “Desde que tengo el gas no se quieren ir”, dice emocionada.
La historia de María es la historia de muchas familias que durante años soñaron con acceder a un servicio esencial y que, con acompañamiento y decisión, pudieron hacer realidad ese sueño.
Es también el corazón de “Historias que dan calor”, la serie de Distrigas S.A. que busca ponerles rostro y voz a quienes encontraron, en la llegada del gas natural, mucho más que una conexión: una nueva forma de vivir y de disfrutar el hogar.







































