La Esperanza, donde el gas también cambió la vida
18 de Agosto 2026. El segundo capítulo de la serie de Distrigas S.A. tiene como protagonista a Rosauro Vargas, un trabajador rural que encontró en la llegada del gas natural un cambio profundo en su vida cotidiana y en la de las familias del paraje.
La serie “Historias que dan calor”, impulsada por Distrigas S.A., presenta su segundo capítulo y esta vez nos lleva hasta La Esperanza, el paraje ubicado en el cruce de las rutas provinciales 2 y 5 con la Ruta Nacional 40, a mitad de camino entre Río Gallegos, El Calafate y la Cuenca Carbonífera.
Allí, en una fría mañana de principios de invierno, Rosauro Vargas abrió las puertas desu hogar para compartir su historia. Trabajador rural durante gran parte de su vida, conoce desde muy joven las inclemencias del clima patagónico y el esfuerzo que implica enfrentarlas.
Nacido en Chile y radicado desde niño en Río Gallegos, Rosauro tuvo que comenzar atrabajar en el campo desde muy temprano. Durante años recorrió establecimientos rurales y realizó distintas tareas vinculadas a la actividad, hasta que en 2020,
atravesado también por las circunstancias de la pandemia, decidió afincarse en La Esperanza.
Hoy, mientras comparte unos mates y recuerda aquellos inviernos, resume con sencillez lo que significó la llegada del gas:
“Gracias a Dios ya tenemos gas. Bue… vamos mejorando, el invierno no se siente tan frío”.
Años de frío y esfuerzo

Antes de contar con el servicio, mantener una vivienda calefaccionada durante el invierno implicaba para Rosauro y su familia una tarea cotidiana que requería tiempo, esfuerzo y previsión.
La leña era fundamental. Había que salir a buscarla y recorrer largas distancias para conseguirla. “Había que juntar leña, cualquier basura que encuentre ahí para quemar.
Teníamos que buscar la leña para allá, para Cancha Carreras, así que un día entero para ir a buscar leña”, recuerda.
La calefacción eléctrica era otra de las alternativas, aunque debía utilizarse con cuidado para evitar un consumo elevado. La garrafa, en tanto, estaba destinada principalmente a la cocina y era necesario contar con varias para atravesar los meses más fríos.
“La pasamos como cinco años a pura leña nomás, y la garrafa la usábamos para cocinar. Había que tener compradas unas tres o cuatro garrafas para pasar el invierno”, relata.
La llegada del gas modificó esa rutina. “Ya no tenemos que andar buscando leña, ahora ya tenemos gas, ya estamos más relajaditos”, sostiene Rosauro.
Un paraje que cambió su historia

La Esperanza es un lugar estratégico de Santa Cruz. Durante años fue principalmenteun punto de descanso para quienes transitaban las rutas de la provincia, pero con el tiempo se convirtió también en una base para el desarrollo de la actividad petrolera de
la zona.
El paraje cuenta con un Puesto Sanitario, una Subcomisaría, un hotel y una estación de servicio, además de las viviendas donde viven alrededor de 150 personas. A pocos kilómetros se encuentran importantes yacimientos de gas y petróleo y una zona con
un gran potencial productivo.

La Esperanza cargaba con una gran paradoja: estaba asentada sobre el futuro, en una zona a la que se le atribuye un enorme potencial para el desarrollo de la actividad petrolera, pero sus habitantes vivían con condiciones que parecían pertenecer a casi 50 años atrás. Esa realidad comenzó a cambiar el 11 de junio de 2025, cuando se inauguró la planta de gas y las familias del paraje pudieron finalmente acceder al servicio.
“Cuando vinimos a vivir acá había comentarios de que iban a poner gas, que un día iba a venir el gas, que algún día iba a llegar. Y de repente sentimos que vino una empresa a trabajar”, cuenta Rosauro.
Actualmente, más de 20 familias cuentan con conexión al servicio y progresivamente se incorporan nuevos usuarios.
Rosauro recuerda que inicialmente fueron siete las familias que accedieron al gas. A él le tocó esperar un poco más, pero el día que finalmente pudo contar con el servicio, la espera terminó.
“Como a las seis de la tarde ya estábamos calentitos. Contentos nomás porque ya tenemos gas. Ahora lo ves de otra manera, antes no sabíamos si quedarte o irte”, expresa.
Historias que dan calor
La historia de Rosauro es también la historia de muchas familias de Santa Cruz que durante años encontraron distintas maneras de enfrentar el frío y que hoy pueden mirar el invierno de otra manera.
Con “Historias que dan calor”, Distrigas S.A. busca poner en primer plano esas historias que muchas veces permanecen detrás de cada obra de extensión, de cada conexión y de cada nuevo usuario.
Porque detrás de la llegada del gas hay mucho más que una nueva infraestructura: hay hogares que cambian, rutinas que se transforman y sueños que empiezan a sentirse un poco más cerca.
