Un viaje al corazón de la memoria patagónica: Ecos del Sur en la Fonda y Museo Los Tamariscos

Sobre la Ruta Nacional 40, en el paraje Los Tamariscos, existe un lugar donde el tiempo parece detenerse. Allí, entre tortas fritas, relatos familiares y objetos cargados de historia, funciona la Fonda y Museo Los Tamariscos, una verdadera casa-museo que resguarda la memoria viva de la Patagonia.

Ecos del Sur visitó este espacio único y fue recibido por Liliana, guardiana de un patrimonio que no solo pertenece a su familia Böhme Prieto, sino también a la historia regional y a los pueblos originarios que habitaron estas tierras.

El museo funciona en lo que fue la vivienda familiar, construida en 1938 por sus abuelos. Cada habitación conserva su esencia original: la cocina, el comedor, los dormitorios. “Cuando uno muestra el museo, está mostrando su intimidad”, explica Liliana. Y esa intimidad se transforma en un relato colectivo que emociona a cada visitante.

Entre las piezas que se exhiben se destacan flechas, raspadores, boleadoras, punzones, trampas, huevos de ñandú, moladores y objetos de uso cotidiano, muchos de ellos pertenecientes a comunidades tehuelches y mapuches que convivieron con la familia. Cada elemento tiene una historia, un nombre, un uso específico, contado con detalle y respeto.

Una de las salas lleva el nombre de Juan Canquel, un tehuelche muy cercano a la familia, a quien Liliana recuerda como un abuelo más. Fotografías antiguas, relatos compartidos y objetos personales reflejan una convivencia marcada por el respeto y el intercambio cultural. “Para nosotros, los originarios siempre fueron parte de la familia”, afirma.

El museo también conserva libros de pasajeros de las décadas del 40 y 50, donde se registraban quienes se alojaban en la fonda. Firmas, procedencias y destinos que hoy permiten a muchas personas reencontrarse con la historia de sus abuelos. “Ya no existe esto en ningún lado”, señala Liliana, destacando el valor documental de esos registros.

Además, hay espacios dedicados a la vida cotidiana: latas antiguas de almacén, utensilios de cocina, juguetes, cuadernos escolares con una caligrafía impecable, costureros traídos desde Alemania y una vitrola que aún funciona. Cada objeto habla de otra época, de formas de vivir que hoy parecen lejanas.

La Fonda Tamariscos sigue cumpliendo su rol original: ser parada obligada para quienes transitan la Ruta 40. Turistas de distintos puntos del país y del mundo encuentran aquí un lugar para descansar, comer algo casero y conectarse con una historia que no está en los libros, sino en la palabra viva de quien la heredó.

“El mensaje es cuidar las raíces”, resume Liliana. “Muchos dicen que cuando entran acá sienten que entran a un túnel del tiempo. Y es verdad. Son recuerdos que no tienen que perderse”.

El Museo Los Tamariscos permanece abierto todo el año y es, sin dudas, un paso imperdible para quienes viajan hacia El Bolsón y la Comarca Andina. Un lugar donde la Patagonia se cuenta desde adentro, con identidad, memoria y corazón.

 

Dato

El Paraje se encuentra a tres horas de Comodoro Rivadavia, ubicado a la vera de la Ruta 40.

El paraje fue fundado en 1938 por un inmigrante de origen alemán de apellido Böhme, quien instaló allí un almacén de ramos generales.

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