“Azafrán” en Caleta Olivia: un emprendimiento familiar logró multiplicar la producción y ya va por su tercera cosecha
Lucía Belinde lleva adelante junto a su familia un proyecto experimental de cultivo de azafrán en Caleta Olivia. Comenzaron en 2024 con unos 100 bulbos y, tres años después, lograron recolectar más de 960 flores. La experiencia demuestra que el cultivo puede desarrollarse en las condiciones climáticas de la región.
Una prueba piloto que comenzó en familia
Lo que comenzó en 2024 como una experiencia familiar y recreativa se convirtió con el paso de los años en un emprendimiento productivo con resultados que superaron las expectativas iniciales.
Lucía Belinde presentó su producción durante una jornada vinculada a las propuestas del INTA en la vecinal del Bº 26 de Junio, y contó cómo nació De la Estepa Azafrán Caleta Olivia, un proyecto que busca demostrar que determinadas especies pueden adaptarse a las condiciones particulares del suelo y el clima de la ciudad.
La iniciativa comenzó con aproximadamente 100 bulbos de azafrán. La familia decidió plantarlos en el patio de su vivienda, ya que no dispone de tierras productivas y el objetivo inicial era realizar un ensayo piloto.
“Por curiosidad”, explicó Lucía al recordar cómo surgió la idea. La familia observó experiencias desarrolladas en lugares con características climáticas similares y decidió probar con el cultivo en Caleta Olivia.
Para iniciar el proyecto consiguieron bulbos provenientes de Mendoza y Trevelin, adquiridos a otros emprendedores que también trabajan con azafrán.
De 30 flores a más de 960
El crecimiento del cultivo fue uno de los principales indicadores que alentaron a la familia a continuar con la experiencia.
Durante el primer año, en 2024, obtuvieron entre 30 y 40 flores. En cambio, en la cosecha de 2026 la producción alcanzó más de 960 flores, lo que permitió comprobar la adaptación de la especie al ambiente local.
El azafrán florece una vez al año, generalmente entre marzo y abril. La recolección se realiza de manera manual y posteriormente se lleva adelante un proceso de deshidratación para obtener las hebras.
La parte más valorada del cultivo es precisamente esa hebra, que puede utilizarse tanto en preparaciones dulces como saladas, además de infusiones y té.
El proyecto se encuentra actualmente en su tercer año consecutivo de cosecha y la familia continúa realizando distintas pruebas para conocer el comportamiento de la planta y optimizar su producción.
Una planta que se adapta al clima de Caleta Olivia
Uno de los aspectos que más sorprendió a la familia fue la adaptación del azafrán a las condiciones de Caleta Olivia.
Según explicó Belinde, se trata de una planta que no necesita suelos particularmente ricos y que puede desarrollarse en terrenos como los que predominan en la zona.
También presenta una buena tolerancia al frío y al viento y requiere un consumo hídrico relativamente bajo, características que resultan relevantes para una región con escasas precipitaciones.
La experiencia permitió comprobar que las condiciones climáticas de la Patagonia no necesariamente constituyen una limitación para la producción agrícola, siempre que se encuentren especies capaces de adaptarse al ambiente.
En ese sentido, la emprendedora planteó que el desafío consiste en identificar qué cultivos pueden desarrollarse en cada territorio y aprovechar sus características particulares.
No solo se aprovecha la hebra
El cultivo permite obtener diferentes productos a partir de la misma planta.
Además de las hebras de azafrán, la familia recolecta los pétalos de las flores, que pueden utilizarse en ensaladas e infusiones.
Belinde explicó que una de las ventajas de producir las hebras artesanalmente es la posibilidad de consumir el azafrán de manera pura.
En el mercado, muchas veces se encuentra azafrán en polvo que puede estar combinado con otras especias. En cambio, la producción de Caleta Olivia permite conservar la hebra y ofrecerla sin ese tipo de mezclas.
El próximo desafío: conocer cuánto creció el cultivo
La familia continúa observando el desarrollo y reproducción de los bulbos. Uno de los próximos pasos será levantar los bulbos para permitir que cumplan el período necesario antes de volver a plantarlos.
Ese procedimiento permitirá además realizar un conteo y conocer cuántas plantas se obtuvieron finalmente a partir de la experiencia iniciada con los primeros 100 bulbos.
El crecimiento registrado hasta ahora abre nuevas posibilidades para el emprendimiento y permite evaluar, a futuro, la ampliación de la producción.
Por el momento, el proyecto continúa desarrollándose en el ámbito familiar y a pequeña escala, con el aprendizaje de cada cosecha como parte fundamental del proceso.
Un emprendimiento que busca mostrar otras posibilidades productivas
La experiencia de Belinde también plantea una mirada diferente sobre las posibilidades productivas de la región.
En una zona caracterizada por el frío, el viento y un bajo nivel de precipitaciones, encontrar especies adaptables puede convertirse en una alternativa para desarrollar nuevos emprendimientos.
“Que tengamos un clima frío, con viento y poco caudal de lluvias no implica que no va a resultar algún cultivo, solo hay que buscar algo que se adapte a la zona”, explicó Lucía.
El proyecto De la Estepa Azafrán Caleta Olivia continúa así creciendo desde una experiencia que comenzó casi como un juego familiar y que, tres años después, ya cuenta con varias cosechas y una producción que permitió confirmar la adaptación del azafrán al territorio caletense.
Quienes quieran conocer el emprendimiento y seguir la evolución de los cultivos pueden encontrarlo en Instagram como De la Estepa Azafrán Caleta Olivia, donde la familia comparte el proceso de crecimiento de las plantas, las etapas de floración, la reproducción de los bulbos y los avances de cada temporada.
