Comuseñas: tecnología e inclusión para acercar la Lengua de Señas Argentina

07 de Septiembre 2026. Víctor Orue, uno de los fundadores de Comuseñas, visitó la radio y contó cómo nació esta aplicación que busca acercar la Lengua de Señas Argentina a través de la tecnología y la inteligencia artificial. El proyecto ya cuenta con cerca de 1.000 usuarios y continúa creciendo.

La tecnología puede ser una herramienta para conectar, incluir y derribar barreras. Ese es uno de los objetivos detrás de Comuseñas, una aplicación móvil gratuita desarrollada por Víctor Olubek y su socio Juan, una propuesta que busca facilitar el aprendizaje de la Lengua de Señas Argentina (LSA).

Durante su visita a la radio, Víctor contó que el proyecto nació a partir de una experiencia académica. Mientras cursaba la Tecnicatura en Aplicaciones Móviles en la Universidad Nacional de La Matanza conoció a Juan, una persona con hipoacusia bilateral. A partir de ese encuentro surgió la idea de desarrollar una herramienta que permitiera que cualquier persona pudiera acercarse y aprender lengua de señas.

“Nuestra idea era: hagamos algo que la gente común pueda aprender, lengua de señas”, explicó.

Lo que comenzó como un proyecto de tesis fue creciendo hasta convertirse en una aplicación que actualmente tiene cerca de 1.000 usuarios, apenas un año después de su lanzamiento oficial en Play Store.

Una aplicación que busca aprender y acompañar

Comuseñas comenzó con contenidos básicos y posteriormente incorporó inteligencia artificial para mejorar la experiencia de aprendizaje. La aplicación permite observar cómo se realiza una seña y, mediante la cámara del dispositivo, busca que la inteligencia artificial pueda analizar los movimientos y brindar una devolución en tiempo real.

El proyecto también apunta a convertirse en una herramienta de apoyo para intérpretes, docentes, familias y personas que trabajan con niños y jóvenes de la comunidad sorda.

Para Víctor, el desarrollo tecnológico tiene sentido cuando está acompañado por una mirada humana.

Una de las experiencias que más lo marcó ocurrió durante una exposición sobre discapacidad en Buenos Aires. Allí, una niña de cinco años se acercó al stand de Comuseñas y permaneció durante aproximadamente una hora y media utilizando la aplicación.

“Yo digo, lo hago por ella. Lo hago por ella, lo hago por todos esos chicos”, relató Víctor durante la entrevista.

Ese momento terminó de reforzar su decisión de continuar apostando por el proyecto, incluso frente a las dificultades económicas y el tiempo que demanda su desarrollo.

Aprender escuchando a la comunidad

Víctor remarcó que desarrollar una herramienta relacionada con la discapacidad requiere mucho más que conocimientos tecnológicos. También implica acercarse a las personas que forman parte de las comunidades y aprender de sus experiencias.

En ese sentido, destacó la necesidad de “aprender a escuchar y ser menos en general”, haciendo referencia a la importancia de escuchar a quienes tienen experiencia directa en las distintas realidades vinculadas a la discapacidad.

También señaló las dificultades que existen para muchas familias que deben recorrer grandes distancias para acceder a intérpretes o espacios especializados.

Durante su visita a la Patagonia, Víctor pudo conocer distintas experiencias relacionadas con la inclusión y participar de actividades en localidades de la región. Según contó, ese contacto con comunidades fuera de Buenos Aires le permitió adquirir nuevos conocimientos y, al mismo tiempo, aportar desde su experiencia.

De un proyecto de tesis a una iniciativa con proyección internacional

El camino de Comuseñas no estuvo exento de dificultades. Víctor recordó que inicialmente el equipo estaba integrado por cinco personas y que, para presentar el proyecto, tuvieron que trabajar intensamente.

Incluso contó que, a partir de una observación realizada por uno de sus profesores, comprendieron que la inteligencia artificial debía trabajar con movimientos y no solamente con imágenes estáticas.

“Las últimas 78 horas, creo que ninguno del equipo durmió”, recordó entre risas.

Actualmente, uno de los objetivos es lograr que la tecnología pueda adaptarse a las distintas lenguas de señas utilizadas en otros países. Para ello, trabajan en una estructura que permita que intérpretes y especialistas puedan incorporar nuevos contenidos y adaptar el sistema a diferentes comunidades.

Tecnología al servicio de las personas

Víctor también habló sobre el avance de la inteligencia artificial y el temor que muchas veces genera su crecimiento. Desde su perspectiva, la tecnología no debería reemplazar al ser humano, sino convertirse en una herramienta que ayude a acercar a las personas.

En el caso de Comuseñas, la inteligencia artificial busca justamente cumplir ese rol: facilitar el aprendizaje, brindar apoyo y acercar a quienes quieren comunicarse con una comunidad que muchas veces encuentra barreras para integrarse.

El proyecto actualmente es financiado por sus propios fundadores, quienes continúan trabajando en nuevas funciones y en la infraestructura necesaria para acompañar el crecimiento de la aplicación.

“Me encanta estar incómodo”

Además de hablar de tecnología e inclusión, la entrevista permitió conocer el lado más personal de Víctor.

Mientras continúa trabajando en el sector petrolero y desarrollando Comuseñas en paralelo, reconoce que el proyecto implica tiempo, esfuerzo y también resignar momentos personales.

Frente a quienes le preguntan por qué se embarca en algo que implica salir de su zona de confort, tiene una respuesta clara:

“Me encanta estar incómodo.”

Para Víctor, innovar implica animarse a intentar, incluso cuando no existe la certeza de que todo vaya a salir bien.

Con esa filosofía, Comuseñas continúa avanzando: una iniciativa que nació como una tesis universitaria y que hoy busca convertirse en una herramienta de inclusión capaz de trascender fronteras, demostrando que la tecnología también puede tener un propósito profundamente humano.

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