“Dolor por la partida del subcomisario Gabriel Trujillo, un líder respetado y querido por sus camaradas”.
Oriundo de Comandante Luis Piedra Buena, Trujillo se desempeñaba como segundo jefe de la División Operaciones Rurales de la Dirección Regional Zona Norte. Estaba casado y era padre de un adolescente de 15 años.
Su partida generó una profunda conmoción entre compañeros de trabajo, amigos y vecinos que lo conocieron no solo por su función dentro de la fuerza, sino también por las cualidades humanas que lo distinguían.
Quienes compartieron años de servicio junto a él coinciden en una definición que se repite una y otra vez: Gabriel Trujillo no ejercía el mando desde la autoridad del cargo, sino desde el respeto que inspiraba su ejemplo.
De perfil bajo y carácter humilde, nunca buscó protagonismo. Su liderazgo surgía de manera natural. Era de esos oficiales que permanecían junto al personal, compartiendo las tareas, las responsabilidades y las dificultades de cada jornada. Para muchos, más que un jefe, fue un verdadero conductor de hombres.
Su espíritu de cuerpo, su empatía y su capacidad para escuchar lo diferenciaban. Siempre tenía una palabra de consejo para quien la necesitara y, cuando debía corregir alguna situación, lo hacía con respeto y en privado, preservando la dignidad de cada efectivo.
Entre mates, guardias, operativos y largas jornadas de trabajo, construyó vínculos que trascendieron lo profesional. Sus compañeros lo recuerdan como un caballero, un hombre noble, firme en sus convicciones y leal a sus principios, incluso cuando ello implicaba sostener posiciones que podían generar diferencias dentro de los ámbitos de conducción.
“Siempre estuvo al frente de la tropa”, recuerdan quienes lo conocieron de cerca. Esa cercanía con el personal y su forma de conducir basada en el ejemplo fueron algunas de las características que marcaron su carrera y dejaron una huella imborrable en quienes tuvieron el privilegio de trabajar junto a él.
Hoy, el dolor por su partida se mezcla con el orgullo de haber compartido camino con una persona que supo honrar el uniforme desde los valores más esenciales: la humildad, el respeto, la vocación de servicio y la calidad humana.
Gabriel Trujillo deja un legado que permanecerá vivo en la memoria de sus seres queridos, de sus camaradas y de toda la comunidad que hoy lamenta su partida. Su recuerdo trascenderá los cargos y los rangos, porque será recordado, ante todo, como un líder que nunca dejó de ser un compañero.

