Emotivo reencuentro en Cañadón Seco: exsoldados volvieron 44 años después y revivieron la memoria de Malvinas

Veteranos que cumplieron funciones en el continente regresaron a los lugares donde fueron alojados por vecinos durante la guerra. “Nos dieron comida, pero sobre todo amor”, destacaron.

En una jornada cargada de emoción, recuerdos y lágrimas, exsoldados que cumplieron funciones durante la Guerra de Malvinas en el territorio continental volvieron a Cañadón Seco, donde hace más de cuatro décadas compartieron días intensos con familias de la comunidad.

El encuentro, organizado como un homenaje, reunió a vecinos, autoridades y protagonistas de una historia poco visibilizada: la de los soldados que, con apenas 18 años, fueron desplegados en la Patagonia para tareas de vigilancia, control y defensa durante el conflicto bélico de 1982.

“Es como volver en el tiempo”

“Después de 44 años, esto es tremendo. Es encontrarse con el pasado de uno”, expresó uno de los exsoldados, visiblemente emocionado al recorrer los mismos lugares donde hizo guardia, durmió a la intemperie y compartió momentos con los vecinos.

Durante la guerra, muchos de ellos estuvieron apostados en Caleta Olivia —en lo que hoy es el CEMEPA— y realizaban recorridas nocturnas hasta Cañadón Seco y Pico Truncado. Otros permanecieron directamente en Cañadón, donde establecieron un vínculo profundo con la comunidad.

“Volver a pisar estos lugares, recordar dónde comíamos, dónde dormíamos o dónde hacíamos los pozos de zorro, es impresionante”, relató.

El rol clave de los vecinos

Uno de los aspectos más destacados por los protagonistas fue el acompañamiento de las familias de la zona, quienes brindaron contención en medio de la incertidumbre.

“Nos abrieron las puertas de sus casas como si fuéramos sus hijos. Nos dieron comida, abrigo, pero sobre todo cariño. Eso es impagable”, recordaron.

En aquellos meses, los soldados encontraron en los vecinos un sostén emocional fundamental. “Éramos muy jóvenes, teníamos 18 años. Estábamos lejos de nuestras familias, pero acá encontramos otra familia”, señalaron.

Un reconocimiento pendiente

A pesar del compromiso asumido durante el conflicto, muchos de estos exsoldados no fueron reconocidos oficialmente como veteranos de guerra.

“Somos del TOAS (Teatro de Operaciones del Atlántico Sur), pero no fuimos reconocidos como excombatientes. Lo mínimo sería que nos reconozcan como soldados continentales”, reclamaron.

Sin embargo, destacaron que el homenaje recibido en Cañadón Seco tiene un valor especial: “El amor de la gente es el mejor reconocimiento. Esto es una caricia al alma”.

Recuerdos imborrables

Durante la recorrida, los exsoldados revivieron anécdotas y escenas cotidianas de aquellos días: las guardias en condiciones precarias, el frío, las comidas compartidas y hasta momentos de distensión con niños del lugar.

“Había chicos que venían a jugar con nosotros. Esos momentos eran como caricias al alma en medio de todo lo que estábamos viviendo”, contaron.

También recordaron las dificultades: “Algunos soldados llegaban con zapatillas, con ropa liviana, muy resfriados. Era una situación muy dura”.

El valor de la memoria y la paz

Consultados sobre el mensaje para las nuevas generaciones, los excombatientes coincidieron en la importancia del diálogo y la paz.

“La violencia no lleva a nada. Lo fundamental es escucharse, dialogar. Ese es el mejor mensaje que podemos dejar”, afirmaron.

Un vínculo que trasciende el tiempo

El reencuentro dejó en evidencia que el lazo entre los exsoldados y la comunidad sigue intacto.

“Cañadón Seco va a estar conmigo hasta el día que me muera”, expresó uno de ellos, sintetizando el sentimiento compartido.

Entre abrazos, lágrimas y sonrisas, el homenaje se convirtió en mucho más que un acto: fue la reafirmación de una memoria viva, construida desde el afecto, la solidaridad y el reconocimiento mutuo.

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