Carta Abierta de un Policía de la provincia de Santa Cruz

 Sábado, 02 Mayo 2026 – Estoy atravesando uno de los momentos más difíciles de mi vida. La situación económica me golpea con una fuerza que a veces parece imposible de soportar.

Me siento completamente desprotegido por el sistema al que pertenezco, un sistema que no permite errores y mucho menos pedir ayuda.
En nuestro ámbito, reconocer que uno está mal suele interpretarse como una señal de debilidad… Significa exponerse a medidas que lejos de ayudar, agravan aún más la situación: la posibilidad de perder el arma reglamentaria, la reducción de horas de servicio y con ello una mayor vulnerabilidad económica y emocional. Es una realidad que empuja a muchos al silencio, aún cuando por dentro estén librando una batalla enorme.
Lamentablemente, muchas veces pareciera que a algunos superiores les importa más mantener una gestión sin inconvenientes que el bienestar del personal a su cargo. El temor a ser señalado, juzgado o descartado hace que muchos opten por callar. Y ese silencio, en ocasiones, puede resultar devastador.
He conocido camaradas que sintiéndose atrapados en un pozo del que creían no poder salir, tomaron la decisión de quitarse la vida. Esa realidad duele y debería interpelarnos a todos. Nadie debería sentirse solo en sus momentos más oscuros.
Hoy sigo adelante por mi familia son ellos quienes me sostienen cuando las fuerzas flaquean. Sin embargo, no niego que siento miedo, miedo de no poder salir adelante, de que la situación económica me sobrepase… Peleo cada día, busco alternativas, me rebusco de mil maneras, pero la realidad es cada vez más difícil…
Incluso generar ingresos extras se vuelve una lucha. Para realizar servicios adicionales se presentan obstáculos constantes, y trabajar en otra actividad fuera de la institución muchas veces tampoco resulta una opción viable. Mientras tanto, el alquiler aumenta, los impuestos suben y llegar a fin de mes se convierte en una verdadera odisea.
No quiero tomar decisiones desesperadas. Tengo una familia que me necesita, y a ellos me aferro, pero también siento la necesidad de expresar lo que muchos callan: en ocasiones, dentro de esta estructura uno siente que no es más que un número de legajo.
Aún así, mantengo la fe. Creo en Dios y confío en que vendrán tiempos mejores.
Espero encontrar la fuerza necesaria para salir adelante, y deseo profundamente que quienes estén atravesando situaciones similares sepan que no están solos.

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