Comunicado institucional: A los medios de comunicación de la Provincia de Santa Cruz
Pseudoterapias, ejercicio ilegal de la psicología y responsabilidad social en la comunicación pública
El Colegio Profesional de Psicólogas y Psicólogos de la Provincia de Santa Cruz se dirige a los medios de comunicación de nuestra provincia para expresar con firmeza una preocupación que involucra directamente el bienestar y la seguridad emocional de nuestra comunidad. Nos mueve la responsabilidad institucional que nos confiere la Ley y, sobre todo, la obligación de advertir sobre prácticas que, aunque se presenten con lenguaje amable, espiritual o transformador, representan un riesgo concreto para la salud mental de la población.
Hoy observamos la proliferación de talleres, propuestas “alternativas”, espacios de “sanación emocional” o encuentros de “crecimiento personal” que, sin formación académica ni profesionalización en salud mental, se ofrecen como intervenciones capaces de resolver depresión, ansiedad, duelos, ataques de pánico, consumo problemático o pensamientos suicidas, entre otras.
Estas prácticas, que suelen circular en redes sociales, y muchas veces se promocionan en medios, por medio de entrevistas o espacios pagos con un aura de accesibilidad, inmediatez y supuesta profundidad espiritual que resulta seductora, especialmente para quienes atraviesan momentos de gran vulnerabilidad.
Detrás de nombres aparentemente inofensivos —como constelaciones familiares, biodecodificación, barras de Access, terapias cuánticas, regresiones a vidas pasadas, Reiki u otras formas de “sanación energética”— se despliega una trama de rituales, sugestión emocional, narrativas místicas y promesas ilusorias que no cuentan con ningún aval científico, que no parten de una evaluación clínica rigurosa y que no generan condiciones de cuidado psicológico real.
Estas prácticas no solo carecen de evidencia: pueden causar daño.
Quienes actúan en estos espacios se erigen como figuras de autoridad carismática, atribuyéndose capacidades especiales —como leer campos energéticos, interpretar linajes familiares o desactivar traumas ancestrales— sin asumir responsabilidad profesional ni civil por los efectos que producen. Las personas que participan, movidas por la necesidad de alivio, pueden experimentar una catarsis intensa que se vive como una revelación.
Esa intensidad emocional se confunde con verdad, pero responde a mecanismos ampliamente estudiados: sugestión colectiva, contagio emocional, expectativas previas, necesidad de cierre cognitivo y liberación neurológica asociada a la vivencia de alivio momentáneo. Nada de ello constituye un proceso terapéutico.
Las consecuencias pueden ser graves: falsos recuerdos implantados, reinterpretaciones erróneas de la historia familiar, culpa transgeneracional, retraumatización sin contención profesional, desorganización emocional y, en muchos casos, la consecuente pérdida de tiempo y recursos que aleja a la persona de recibir la atención que realmente necesita.
Estas experiencias finalizan sin seguimiento, sin resguardo clínico y sin responsabilidad posterior por parte de quienes las facilitan.
La vulnerabilidad emocional se transforma entonces en un terreno fértil para el engaño, la manipulación o el abuso simbólico, económico o psicológico, es decir SON ESTAFADOS.
A ello se suma otro fenómeno preocupante: la presencia de personas que se presentan ante la comunidad —e incluso ante los medios— como “psicólogos sociales”, denominación que induce a error y genera confusión.
Es imprescindible aclarar que un psicólogo social no es un psicólogo.
Su formación no habilita la atención clínica individual ni la intervención en problemáticas de salud mental.
Sin embargo, vemos cada vez con mayor frecuencia que algunos de estos técnicos en dinámica grupal se atribuyen funciones que corresponden exclusivamente a profesionales universitarios de la Psicología.
Este uso indebido de la denominación constituye ejercicio ilegal de la profesión, tal como lo dispone la Ley Provincial 1709.
Frente a este escenario, los medios de comunicación ocupan un lugar insoslayable.
Su capacidad de llegar a miles de hogares, de instalar temas de conversación pública y de conferir legitimidad a quienes aparecen en pantalla, en radio o en notas digitales, tiene un impacto directo sobre las decisiones que toman las personas en momentos de sufrimiento emocional.
La responsabilidad social de los medios, en este sentido, es profunda y concreta: lo que se difunde influye, orienta, habilita y, en ocasiones, habilita riesgos.
Por ello solicitamos enfáticamente que:
1) No se presente como “psicólogos” a quienes no poseen título universitario habilitante y matrícula profesional vigente.
2) No se otorgue espacio, legitimidad ni visibilidad a pseudoterapias o prácticas no científicas, especialmente cuando prometen resolver problemáticas de salud mental.
3) Se verifique la formación académica de toda persona que se presente como especialista en salud mental.
Sabemos que los medios trabajan con intensidad, rapidez y multiplicidad de contenidos.
Pero cuando la comunicación aborda temas vinculados al dolor humano, al sufrimiento psíquico o a la búsqueda de ayuda, el deber de cuidado debe ser prioritario. La comunidad confía en los
medios.
Ese acto de confianza convierte cada palabra pronunciada al aire, cada texto publicado y cada entrevista en un puente hacia la información segura o hacia la desinformación peligrosa.
La salud mental no es un terreno donde “todo vale”. No existen atajos, no existen soluciones mágicas y no existen prácticas “alternativas” capaces de sustituir el trabajo profesional, ético y riguroso que exige el acompañamiento psicológico. Los tratamientos psicológicos avalados —sean psicoanalíticos, cognitivo-conductuales, sistémicos, vinculares o integrativos— implican una escucha situada, marcos teóricos sólidos, trabajo clínico sostenido y responsabilidad legal y ética. La sociedad tiene derecho a recibir atención basada en la Ciencia, y los medios pueden ser aliados importantes en la promoción de ese derecho.
Como Colegio Profesional, recibimos con frecuencia denuncias, consultas y mensajes de personas que, tras participar en estas prácticas, experimentan confusión, angustia o retrocesos en su estado emocional. Aconteció que varias personas, quienes tuvieron conductas autodestructivas previamente habían realizado este tipo de pseudoterapias.
A muchas de ellas les cuesta incluso reconocer el daño, porque la narrativa pseudoterapéutica las induce a creer que fallaron en “sanarse”, que el problema es suyo y no del método que se les ofreció. Esta es una forma sutil pero profunda de violencia simbólica, que debemos desactivar de manera colectiva.
Por eso convocamos a los medios de comunicación de Santa Cruz a trabajar junto a nosotros en la protección de la ciudadanía. Informar responsablemente sobre salud mental es un acto de cuidado comunitario.
Es una tarea que refleja compromiso, seriedad y sensibilidad frente al dolor ajeno.
Y es, al mismo tiempo, una herramienta indispensable para prevenir daños evitables y orientar a la sociedad hacia prácticas seguras, profesionales y respetuosas.
El Colegio Profesional de Psicólogas y Psicólogos de la Provincia de Santa Cruz queda a disposición para verificar información, asesorar a equipos periodísticos, brindar entrevistas y acompañar todos los procesos comunicacionales que requieran precisión técnica y comprensión profunda del campo de la salud mental.
Colegio Profesional de Psicólogas y Psicólogos de la Provincia de Santa Cruz
LIC. GAITAN DIEGO J. F.
SECRETARIO GENERAL
Colegio Prof. De Psicólogas y
Psicólogos de la Prov. De Santa Cr

