A los trabajadores Petroleros y a toda Santa Cruz

Sábado, 24 Mayo 2025 – Ayer no fue solo una jornada importante: fue una señal contundente del camino que estamos construyendo juntos. Tuve el honor de presidir, por primera vez como Secretario General del SIPGER, nuestra Asamblea de Memoria y Balance. Pero lo verdaderamente trascendente no fue el cargo, sino lo que allí volvimos a demostrar: que la fortaleza de este gremio no se mide en palabras, sino en la unidad concreta de sus trabajadores, en el compromiso colectivo que no se quiebra frente a la adversidad, en la convicción diaria de organizarse para transformar. Porque cuando el sindicato habla con la voz de todos, con el cuerpo entero de sus compañeros y compañeras, ninguna crisis nos detiene. Por eso, con profundo orgullo, anuncié que gracias al trabajo conjunto con el Gobernador Claudio Vidal, y con empresas que apuestan a Santa Cruz sabiendo que esta tierra tiene mucho para dar, se comenzará un nuevo proceso de perforación en distintos yacimientos, acompañado de una propuesta de inversión de más de 1.200 millones de dólares para reactivar lo que YPF dejó caer. Esto no es promesa: es acción. Más de 20 equipos volverán al campo. Eso significa empleo, producción y movimiento real para nuestra economía. Y sobre todo, esperanza.
Cuando un sindicato es verdaderamente fuerte, democrático y transparente, ningún poder —por más grande que se crea— logra quebrarlo. Ayer, más de 4.500 petroleros ratificaron su respaldo a esta conducción, dejando un mensaje claro y sin dobles interpretaciones: no avalan solo un balance contable, sino el rumbo gremial, la forma en que enfrentamos los desafíos y la coherencia con la que actuamos, aún en los momentos más difíciles. No especulamos. No desaparecemos cuando la cosa se complica. No prometemos lo que no vamos a cumplir. Damos la cara, informamos con claridad, asumimos cada responsabilidad y luchamos sin descanso por el bienestar de todos los trabajadores petroleros y por el futuro de Santa Cruz.
Mientras algunos —desde la comodidad del escritorio o desde la mezquindad del cálculo político— intentan sembrar dudas, dividirnos o erosionar la organización que construimos con años de sacrificio, los petroleros de esta provincia volvieron a responder con una lección de dignidad: estamos de pie. Nadie baja los brazos. Nadie se resigna. Nadie se entrega. Avanzamos con la fuerza de nuestro trabajo, con la riqueza de nuestra tierra y con la certeza de que estamos juntos y que Dios nos protege.
A cada afiliado y afiliada, mi agradecimiento más profundo. No como fórmula, no como cortesía, sino como reconocimiento real a quienes sostienen esta organización con su trabajo, su confianza y su presencia cotidiana. Ustedes no son espectadores: son protagonistas de esta historia que estamos escribiendo con coraje. Su respaldo no es un aplauso: es una responsabilidad. Porque la confianza no se hereda ni se imposta; se conquista, paso a paso, con coherencia, con hechos visibles, con decisiones que no esquivan el conflicto cuando está en juego el destino de los nuestros. La confianza que ayer nos dieron no es un premio: es un mandato colectivo. Un llamado a seguir construyendo un sindicato de pie, presente, con la frente alta y las manos comprometidas en defender lo que nos pertenece. Y no vamos a fallar.
Asumí la conducción del SIPGER en el momento más crítico de las últimas cuatro décadas. Y no, no es una exageración. Lo que atravesamos no es una crisis más: es una fractura estructural, una herida abierta en el corazón mismo de la matriz productiva de Santa Cruz. Esta vez, la diferencia con otras situaciones difíciles fue brutal y dolorosa: hoy estamos solos. Sin la principal operadora del país, sin apoyo del gobierno nacional, sin red de contención. Solo quedamos nosotros: los trabajadores organizados y un gobierno provincial que no elude su responsabilidad. Por eso cada decisión que tomamos no es una jugada política: es un acto de responsabilidad profunda, un intento concreto de evitar el colapso y que vuelva a reactivarse la actividad.
La salida de YPF no fue un proceso ordenado ni consensuado. Fue un abandono. Un retiro cobarde disfrazado de transición. Mientras todo el tablero energético se inclina hacia Vaca Muerta, en Santa Cruz se desarman equipos, se congelan inversiones, se silencian pozos y se multiplican las incertidumbres. Las decisiones se tomaron desde escritorios remotos, pero sus consecuencias se sienten acá, donde duele de verdad: en los barrios, en las economías regionales, en cada mesa familiar que empieza a vaciarse. Porque cada puesto perdido no es solo una cifra: es una vida golpeada, una comunidad que retrocede, un derecho que se esfuma.
La desinversión no es un gráfico en una planilla: es una tragedia social. Una demolición silenciosa pero planificada de nuestro futuro como provincia. Y como si ese abandono no alcanzara, el gobierno nacional eligió la indiferencia. No hubo una sola medida concreta, ni un plan de contención, ni un gesto de compromiso con esta tierra que tanto dio al país. Pero aun así, no nos rendimos. No bajamos los brazos. Porque cuando todo parece estar en contra, el deber de luchar se vuelve más urgente que nunca.
Nosotros creemos profundamente en el potencial de Santa Cruz. Y no lo decimos por inercia ni por convicción vacía: lo vemos todos los días en ustedes, en el esfuerzo silencioso de cada compañero que deja el cuerpo en los yacimientos, aun en los peores momentos. Tenemos recursos, sí. Pero más que eso, tenemos voluntad, dignidad, coraje colectivo. Y en esta tierra, la última palabra no la tienen los empresarios ni los tecnócratas del abandono: la tiene el pueblo trabajador de Santa Cruz.
No descartamos territorios, no abandonamos a nadie. Vamos a defender cada puesto, cada derecho, cada posibilidad de retorno para aquellos trabajadores que, por necesidad o por desesperanza, se vieron obligados a aceptar retiros voluntarios. Nos comprometimos. Dimos la palabra. Y la vamos a cumplir.
Hoy más que nunca, sabemos quiénes somos y de qué estamos hechos. No nos define el abandono, nos define la resistencia. No nos quebraron ni nos quebrarán. Porque somos hijos de esta tierra dura, que exige pero también devuelve a quienes la trabajan con dignidad. Somos trabajadores de verdad, de los que no se rinden ni siquiera cuando el panorama es oscuro.
Esta organización no es un sello, es un compromiso vivo. Es la certeza de que el futuro no se espera: se construye con lucha, con unidad y con el orgullo de defender lo nuestro. Vamos a seguir peleando por cada trabajador petrolero, por cada puesto de trabajo, por cada inversión que devuelva movimiento a nuestros pueblos. Lo vamos a hacer con firmeza, con responsabilidad, y con el corazón en la provincia.
A quienes intentaron debilitarnos, les decimos que se equivocaron de gremio. Y a quienes caminan con nosotros, les decimos gracias, una vez más, por sostener esta lucha con el cuerpo entero.
Petroleros Privados está de pie. Santa Cruz también. Y juntos, lo que viene, lo vamos a hacer historia.
Rafael Güenchenen
Secretario General SIPGER